Arrodíllate, topa el suelo, arrástrate por él, coge polvo, deja que tu ropa se rompa, quédate sin nada. Cuando te des cuenta: sacúdete el polvo, vístete con lo primero que veas a tu alrededor, levántate, mira al frente y nota como de tus ojos nace el fuego que un día perdiste; luego mira hacia atrás, no te arrepientas de lo que ves, aunque te avergüences de ti mismo, mira nuevamente al frente y por último, camina...
Pero ojo! Jamas te vuelvas arrodillar

No hay comentarios:
Publicar un comentario